jueves, 14 de enero de 2010

De Michoacán a Broadway Matias Santoyo y el cine

De Michoacán a Broadway, Matías Santoyo y el cine

Curadora: Elisa Lozano

Festival Internacional Cervantino

Del 15 de octubre al 18 de diciembre de 2009

Galería Eloísa Jiménez

Portal Delicias sin número

Zona Peatonal

Centro

León, Guanajuato.

México




Matías Santoyo.

Semblanza

Escasamente mencionado por los historiadores del arte, el michoacano Matías Santoyo es en nuestros días más conocido por su efímero romance con Nahui Ollin que por su fecunda obra que abarca varios campos de acción.


En la Universidad Nacional, Santoyo cursó algunos semestres de la carrera de medicina, los abandonará pronto para dar rienda a su vocación artística. Los trabajos tempranos de Santoyo se localizan en la revista La Antorcha, el semanario dirigido por José Vasconcelos, y en el periódico El Demócrata. Pronto la singular forma para captar el gesto de personajes en pocos trazos llama la atención de editores que lo invitan a colaborar en Revista de Revistas, El Universal Ilustrado, entre otros.

En 1926 becado por la Universidad Nacional de México, el joven pintor parte a los Estados Unidos junto con el ceriescultor Luis Hidalgo, como representante de la revista Grecas. En la urbe de hierro se relaciona con Miguel Covarrubias, Rufino Tamayo y el escritor José Juan Tablada, a quien auxilia en la organización de eventos culturales e ilustra libros. Durante esa primera estancia, Santoyo logra exponer varias veces y publica revistas de gran circulación como Life, The New Yorker, Theatre Magazine.


De regreso a México, participa en otras exposiciones, y conoce a Carmen Mondragón, la polémica Nahui Ollin, con quien entabla una apasionada, efímera pero muy fructífera relación, como muestran las obras gráficas en las que ambos se plasman. Con ella parte de nuevo a los Estados Unidos, expone en el Museo de Brooklyn, y participa en la puesta en escena de la célebre comedia musical “Rio Rita” montada por Florenz Ziegfeld en Broodway, participación con la que alcanza gran celebridad en el país del norte.

De regreso a México, Santoyo colabora con su admirado Ernesto “el chango” García Cabral en el semanario “Fantoche”, ahí publica dibujos de la cultura popular. En 1931, actúa en la cinta Zítari, del director Miguel Contreras Torres, experiencia que repetirá en otras películas del periodo como Profanación (Chano Urueta, y Juan Soldado. Para la poderosa compañía Metro Goldwyn Meyer interviene como censor y dibujante de los créditos del film Viva Villa (Jack Conway, 1934).

En los años posteriores Santoyo interviene en exposiciones, pinta murales para el Hotel Regis, el Hotel “Rosarito Beach” y en casas de políticos. Su pintura de caballete se caracteriza por un estilo figurativo costumbrista, el gusto por los personajes populares y el paisaje local.

Los últimos trabajos localizados son dibujos publicitarios y promocionales de las películas Los millones del Chaflán o Ni sangre ni arena. Su obra está dispersa en archivos y coleccionistas de México y Estados Unidos. Se desconoce la fecha de su muerte.

Es la primera vez que en México se organiza una exposición individual sobre este artista, cuyo obra se encuentra dispersa en archivos público y colecciones privadas.

Elisa Lozano

Ciudad de México

2009





IMÁGENES DE LA EXPOSICIÓN
















































































Esta muestra contó con el valioso apoyo y la participación de las siguientes instituciones y personas:

Taller Ernesto García Cabral

Universidad Nacional Autónoma de México

- Biblioteca y hemeroteca Nacional

- Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación

- Instituto de Investigaciones Filológicas

- Filmoteca

Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada

Museo de Brooklyn

Universidad de Harvard

Rafael Barajas “El Fisgón”

Mercurio López Casillas

José Antonio Rodríguez

Miguel Ángel Morales

Selva Hernández

Alberto Verjovsky Paul

Álvaro Vázquez Mantecón

Consuelo Saizar

Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

Lidia Cacho

Directora general del Festival Internacional Cervantino

Gloria Maldonado Ansó

Subdirectora de Artes Visuales del Festival Internacional Cervantino





CAVI

Diseño de museografía:

Edmundo Castro y Leonardo Ramírez

Producción

Armando Anaya y Carlos Martínez

Diseño Gráfico

Guillermo Arana

Registro y control de obra

Maria Esther Jaime

Servicios educativos:
Irazú Páramo

Asistencia y relaciones públicas

Rafael Centeno

Registro fotográfico

Leonardo Ramírez

Fabricación de vestuario

Patricia Andrade




Catálogo de Artes Visuales 2009

Disponible en la librería CAVI, León, Guanajuato y en las oficinas del Festival Internacional Cervantino de las ciudades de Guanajuato y México.



lunes, 9 de noviembre de 2009

NAN Goldin

Nan Goldin

Curadores: Kerstin Erdman y

Carlos Ashida

Con la colaboración de Randy Walz y Leonardo Ramírez.

Del 30 de julio al 27 de septiembre de 2009

Galería Jesús Gallardo planta alta

Pedro Moreno 202, esquina Hermanos Aldama

León, Guanajuato, Centro.

México






Ver / Nan Goldin


[….]

ojos que nada ven, almas que nada esperan.

Carlos Pellicer


Para ver hay que abrir los ojos y no cerrarlos. Aunque de apariencia engañosamente obvia y fácil de cumplir, todo está en contra de esta simple indicación. El tedio, la fatiga y el paso de las horas van acumulando peso en los párpados, van produciendo el escozor que anuncia al sueño. Por otra parte, la descarga punzante del dolor o del placer nos obliga también a cerrar los ojos, en tanto que el miedo ordena cubrir el rostro con las manos en un inútil y pueril gesto de defensa. En todos los casos, dejar de ver, replegándose al oscuro interior del propio cuerpo, es un reflejo perentorio e instintivo que busca protección y alivio.


Ver, verdaderamente ver, implica una voluntad expresa, una determinación valiente, una fortaleza especial. La mirada ordinaria apenas si roza las cosas, palpa el terreno con un gesto más cercano al de un invidente que a lo único que aspirar es salvar los escollos del camino cotidiano. La mirada ordinaria, displicente y anémica, sólo recoge los fragmentos necesarios para trazar un horizonte sin relieves, sin sobresaltos. Sólo cuando se altera esa línea continua y muelle es cuando el acto de mirar adquiere niveles de conciencia y despliega sus posibilidades de percepción. Paradójicamente, la feroz maquinaria consumista de La sociedad del espectáculo, productora de un alud de estímulos visuales, lejos de ampliar las posibilidades de asombro, sepulta bajo una gruesa capa de estruendo mercachifle la ocasión de abrir los ojos ante una verdadera revelación, sobre todo cuando la primera condición de lo extraordinario, parafraseando a Roberto Bolaño, es pasar inadvertido.


Para ver como Nan Goldin lo hace, se requiere de la disposición a correr riesgos dejando de lado cualquier resistencia o previsión, de asumir de antemano que se enfrentará el reto en un estado de extrema vulnerabilidad, en el que la cámara no ofrece protección alguna. Requiere también de la capacidad para no apartar la mirada, para seguir viendo a través del llanto, triste o gozoso, provocado por el espectáculo contradictorio de la vida.


La mirada de Nan Goldin le exige un sometimiento total. Nada más alejado de ella que la mirada del fotógrafo de estudio, de quien construye sus imágenes en horas hábiles. Aunque afín a la de un fotoperiodista al asecho, la mirada de Nan Goldin es aún más demandante, ya que la de aquel está sujeta a la agenda de la guerra o el desastre en turno, al azar voluble al que se entrega el cazador furtivo, en tanto que la de ella no da un minuto de tregua, porque la lucha es permanente y sucede en casa, porque es ella misma la que convoca a voluntad la catástrofe, el prodigio y la presa.


La posición de esta artista se nos revela a veces como la condena de un insomne que nunca alcanzará el sueño, pero sobre todo como la aceptación de un destino. En cualquier caso, los costos en dolor son altos y las imágenes recogidas, como heridas que se resisten a cicatrizar, son bálsamo y expiación. Sin embargo, la retribución que alcanza también es elevada. Haber resistido a la adversidad y al desgaste que reclama el ejercicio de la libertad, ha dotado a Nan Goldin de una capacidad de ternura, a la que puede recurrir en soledad y silencio, o en medio del estruendo de una multitud; en el lecho de convalecencia o en el jardín de las delicias.


La posición de esta artista se nos revela a veces como la condena de un insomne que nunca alcanzará el sueño, pero sobre todo como la aceptación de un destino. En cualquier caso, los costos en dolor son altos y las imágenes recogidas, como heridas que se resisten a cicatrizar, son bálsamo y expiación. Sin embargo, la retribución que alcanza también es elevada. Haber resistido a la adversidad y al desgaste que reclama el ejercicio de la libertad, ha dotado a Nan Golding de una capacidad de ternura, a la que puede recurrir en soledad y silencio, o en medio del estruendo de una multitud; en el lecho de convalecencia o en el jardín de las delicias.


Recurriendo de nuevo a Roberto Bolaño, podemos decir que Nan Goldin convierte el dolor y el placer de los otros en la memoria de uno. Convierte el dolor, que es largo y natural y que siempre vence, en memoria particular, que es humana y breve y que siempre se escabulle. Convierte un relato bárbaro, un ulular incoherente sin principio ni fin, en una historia bien estructurada en donde siempre cabe la posibilidad de suicidarse. Convierte la fuga en libertad, incluso si la libertad sólo sirve para seguir huyendo. Convierte el caos en orden, aunque sea al precio de lo que comúnmente se conoce como cordura.


Cuando Nan Goldin espeta lapidariamente I'll be your mirror, confiesa su naturaleza de insomne crónica. Al igual que el espejo –ojo perpetuamente abierto– no parpadea, y devuelve obsesivamente lo que su cámara refleja. Hablar de sus obras en términos de honestidad, fidelidad u objetividad resulta irrelevante, son primordialmente versiones –parciales, imperfectas e incluso deformes– de lo que a ella le ha tocado llamar realidad. Al reflejarnos en el espejo que esta artista nos ofrece, sorprende que su superficie no sea fría e inmutable sino cálida y palpitante, sorprende también que, más allá de de nuestros rasgos fisonómicos, Nan Goldin devuelve un rostro trazado con emociones complejas y contradictorias en el que de alguna manera nos reconocemos.


Carlos Ashida


Imágenes de la exposición

































Inauguración


















Queremos hacer patente nuestro agradecimiento a las siguientes Instituciones y personas que amablemente nos ayudaron a realizar esta exposición:


Matthew Marks Gallery New York

Colección Fundación Televisa

Colección Isabel y Agustín Coppel

Colección Charpenel

Colección Kunsthaus Santa Fe

David Ramírez Chávez

Matthew Marks, Jeffrey Peabody, Randy Walz, Agustín e Isabel Coppel, Fabiola García, Yameli Mera, Mireya Escalante, Mauricio Maillé , Fernanda Monterde, René Castellanos, Iván Gómez, Elizabeth Calzada Michel, Patrick Charpenel, Lothar Müller, Ana Quiroz, Miguel, David Ramírez Chávez, Robert Evren, Alejandro Rojo, Hugo Odón Medina, Marco Casado, Silvia Prada, Kim Ann Foxman, Jaime Ashida, Gaby, Folco Näther, Graciela Amaro Hernández.



Fotografías: Marco y Dafnis Casado.